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Sumercé: cine y conversación en Casa Yunta

 

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Hay noches en las que el cine deja de ser únicamente una pantalla. Se convierte en un espejo del territorio, en un espacio de encuentro y en una conversación que continúa respirando después de que aparecen los créditos finales. Algo así ocurrió en Casa Yunta, durante la proyección del documental Sumercé, dirigido por Victoria Solano, en una velada que culminó con un conversatorio junto al productor Marco Cartolano.

Desde los primeros minutos, la película abre una ventana hacia el mundo campesino colombiano. Sumercé es un largometraje documental de 83 minutos, estrenado en 2020, que sigue la vida y las luchas de líderes rurales que defienden su territorio frente a múltiples amenazas sociales, económicas y ambientales. A través de sus voces —entre ellas las de Eduardo Moreno, César Pachón y Rosita Rodríguez— la película se adentra en la cotidianidad del campo y en las tensiones que atraviesan quienes buscan proteger la tierra, el agua y la dignidad campesina.

La historia se entrelaza con uno de los momentos recientes más importantes del movimiento rural en Colombia: el paro agrario de 2013, cuando miles de campesinos salieron a las carreteras para exigir reconocimiento, justicia económica y mejores condiciones de vida. A partir de ese contexto, la directora Victoria Solano decidió seguir de cerca a varios de estos líderes, construyendo un relato que revela no solo la dimensión política de sus luchas, sino también la humanidad, la sensibilidad y la esperanza que habita en quienes defienden el campo.

La proyección en Casa Yunta se vivió con un silencio atento. En la oscuridad, las imágenes de ruanas, páramos, cultivos y caminos rurales parecían resonar con una memoria colectiva que en Colombia sigue profundamente ligada a la tierra.

Pero, como suele suceder en los espacios culturales vivos, la película fue apenas el comienzo.

Al terminar la proyección, el espacio se transformó en un conversatorio cercano y reflexivo con el productor Marco Cartolano, quien compartió con los asistentes detalles del proceso de producción, el acompañamiento a las comunidades campesinas y el largo camino que implicó llevar estas historias a la pantalla.

El diálogo permitió que el público también participara con preguntas y reflexiones. Algunas intervenciones recordaban la relación histórica del país con su campesinado; otras destacaban la fuerza simbólica de la palabra “sumercé”, una expresión profundamente arraigada en los Andes colombianos que guarda una forma particular de relacionarse con el otro: con respeto, cercanía y reconocimiento.

La conversación se extendió con naturalidad, como ocurre cuando el cine logra tocar fibras profundas. Entre anécdotas, preguntas y reflexiones colectivas, la película siguió creciendo en las voces de quienes estaban allí.

Y quizás esa sea una de las grandes virtudes del cine documental: su capacidad de abrir preguntas y de generar encuentros.

La noche terminó confirmando algo que en Cuaderno Verde valoramos profundamente: los espacios culturales también son semillas. Semillas de memoria, de conciencia y de conversación.

Porque cuando las historias del campo llegan a lugares como Casa Yunta, no solo se proyecta una película.
Se abre un territorio de escucha.

Y en un país donde las voces rurales aún luchan por ser reconocidas, escuchar ese eco —el eco de la montaña, del páramo y de quienes defienden la tierra— se vuelve más necesario que nunca.

Sumercé.
Una palabra, una película y una conversación que sigue caminando. 🌿

documental aquí: https://www.proimagenescolombia.com/secciones/cine_colombiano/peliculas_colombianas/pelicula_plantilla.php?id_pelicula=2229

 

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